Su compromiso con la educación se manifiestó en su activa participación con la escuela local. Al sumergirse en las necesidades de los estudiantes, descubrieron un detalle aparentemente pequeño pero significativo: proporcionar un huevo cocido dos veces por semana a los alumnos tenía un impacto notable en su rendimiento escolar. Con esa simple acción, Núria y Rafael no solo alimentaron cuerpos, sino también mentes ávidas de conocimiento. Hoy en día, su compromiso con la escuela perdura y están proyectando organizar un comedor escolar.
